Al expresar que nuestra Vida Cristiana se encuentra enmarcada en el
evangelio de Cristo, muchos pensarían. Pero ¿cómo es esta realidad en la
vida cotidiana de un creyente?
Por ésto, alguno dirían en ser una
persona de oración, otros que pasa la mayor parte de tiempo evangelizando, otros se
inclinaría por una persona que día a día se libra del pecado para alcanzar su
santidad. Es obvio, que todos estos que se ha citado debería estar presentes en
todo cristiano, pero no permite
evidenciar de manera clara el proceder una vida marcada por Jesús.
Un buen punto de partida para saber cómo
ella luce en verdad es pensar en el fruto del Espíritu: un conjunto de
cualidades visibles en una vida que está siendo transformada por el mensaje del
evangelio. No son solo virtudes a las que deberíamos aspirar, sino el producto
de la obra del evangelio a través del Espíritu Santo en nosotros. A continuación, abordaremos 4
características de una vida marcada por Jesús.
1. Andar en luz.
Una vida que atesora y esta marcada por el
evangelio de Jesus, es una vida que crece con la conciencia de no caer en el
pecado por causa de la carne, del mundo y del enemigo de nuestra alma. Juan nos recuerda en 1 Juan 1.7 (7pero si andamos en
luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de
Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.) que “debemos andar en la luz” Es
decir, estar dispuesto a confesar nuestros pecados, porque tenemos un abogado
dispuesto a interceder por nosotros.
Cuando confesamos fe en el evangelio de
Jesús, y regresamos día tras día a ese mensaje, recibimos el veredicto de parte
de Dios: inocente. Y al tener conocimiento que ante los ojos de Dios ya
estamos declarados inocentes, estamos más abiertos para declarar de lo que Él
ya perdonó.
“Y al tener conocimiento que ante los ojos
de Dios ya estamos declarados inocentes, estamos más abiertos para declarar de
lo que Él ya perdonó.”
El evangelio nos da una visión clara de lo
malévolo que es el pecado en nuestra vida, ya que este llevo a Cristo a la cruz
de calvario, pero también nos revela lo grandioso y maravilloso que es el amor
de Dios al perdonarnos, recibirnos y amarnos a través de los méritos de
Jesucristo – todo lo contrario de lo que cada uno de nosotros merecíamos.
Una vida marcada por Jesús
hace una guerra contra el pecado, admitiéndolo cuando lo comete, trayéndolo a
la luz, y confesándolo sabiendo que hay perdón en Dios a través de su hijo,
para luego continuar en la Luz porque Jesús nos señaló “VOSOTROS SOY LA LUZ DEL MUNDO.
2. Humildad y ternura.
El evangelio nos recuerda que Dios ha visto
por nuestra mayor necesidad. Él se ha preocupado por nosotros. No hay
nada que nos falte. Esto es una de las manifestaciones principales de la
humildad.
El evangelio también nos muestra la grandeza
de Dios. Su ira justa demandó un sacrificio justo y proporcional a la
injusticia causada por nuestros pecados. Esto nos recuerda lo pequeño que
somos y lo grande que es Dios.
Pero la humildad no solo se manifiesta en
cómo nos percibimos. También lo hace en la forma en que tratamos a otros.
Unos de los frutos del Espíritu me
cuestionan mucho, la paciencia y la benignidad. Cuando las cosas
"salen de nuestro control", la persona siendo transformada por el
evangelio a través del Espíritu Santo, tendrá un trato visible y un amor
visible hacia las personas a su alrededor. Será lento para enojarse,
desechar y aceptar los otros, a pesar de sus fallas y ofensas, porque recuerda
el cuidado y la paciencia de Dios.
3. Servicio a otros
La obra del evangelio también resulta en una
preocupación genuina por las demás personas. A menudo, en las Escrituras,
somos llamados a ser como Cristo. Si él y su evangelio están obrando en
nosotros, nos estaremos pareciendo más y más a Él. Esta es la premisa de
Filipenses 2, cuando Pablo nos llama a considerar "otro lado más
importante que uno mismo".
La obra del evangelio también resulta en una
preocupación genuina por los demás personas.
En Romanos 15: 2-3 vemos algo parecido. Pablo
dice: “Cada uno de nosotros está preparado para su publicación. Pues ni un
Cristo se agradó a El mismo ”.
4. Participación en la misión.
Además de nuestro carácter, el evangelio
produce algo en nuestras preferencias. Al conocerlo y depender de él todos
los días, nos encontraremos más preocupados por la misión de compartir y servir
al necesitado.
Antes de hablar que somos embajadores de
Cristo, Pablo dice en 2 Corintios 5:14: “Pues el amor de Cristo nos
apremia”. Reconocer que Cristo ama a tu prójimo, y que está obrando en ti,
resulta en un amor genuino por tu prójimo. Este amor se manifiesta tanto
en el servicio como en sus necesidades.
Como se puede ver, una vida centrada en el
evangelio no está alejada de la realidad de la vida cotidiana, sino que
producen ciertas cualidades dentro del creyente. Esta transformación se
inicia y se mueve hacia afuera, manifestándose de maneras visibles.

Me parece muy buen inicio de este blog
ResponderEliminar